marzo 25, 2012

Mi primera cita con Shawn

Como decía, he conocido a alguien. Es un practicante [becario] de Lobby Bar y hemos estado flirteando desde hace 2 semanas (¡por fin tengo un practicante para mí!).

Se llama Shawn, es holandés, tiene 20 años y es liiiindoooo. Definitivamente gay. Al principio era yo quien me acercaba más a él para charlar, incluso le regalé unos bombones Ferrero Rocher (buenísimos) y le ayudaba con las bolsas de basura (porque él es «delgadito y delicado»). Luego me dije: «vale, ahora lo trato con indiferencia y si viene a mí, es que le gusto».

Pues un día apareció en Room Service, no le hice mucho caso más que saludarle, se fue al montacargas a sacar la basura de Lobby… y al rato vuelve, se me acerca y me pregunta qué estaba haciendo y blablabla. ¡Bien!

Ayer se aparece después de librar y no sé por qué no le hice mucho caso tampoco. Hablamos un par de cosas, y cuando se fue le dije al chef: «¡Soy idiota! Ahora no le veré más hasta mañana y he perdido una noche de estar con él!».

El chef me dijo que si yo le gustaba, que seguro volvería. Quince minutos después, volvió con la excusa más tonta del mundo: no recordaba cómo llevar el buggie desde economato hasta nuestro parking, y que si podía acompañarle para indicarle el camino. En el camino estábamos bromeando y le dije: «Te investaste lo de no recordar el camino sólo para pasar un poco más de tiempo conmigo, verdad?».

Me encanta Shawn, aunque todavía no sabía con exactitud si le gustaba o no. Osea, llevábamos dos semanas con señales más que obvias, de su parte y de mi parte. Todos los que nos veían juntos juntos decían que sí le gusto. Pero tenía que preguntárselo, aunque era difiiiiiícil hacerlo. La verdad es que lo paso muy bien cuando estoy con él y creo que él también se lo pasa bien.

El otro día apareció en la oficina de Room Service asomando la cabecita para ver si estaba solo. Me preguntó si yo trabajaba el viernes. Le dije que libraba. Me dijo: «Bueno, nos vemos el sábado entonces, porque yo libro el miércoles y el jueves estoy hasta las 9». Le dije: «Vale». Y chau. Me estaban llamando por teléfono, así que mi mente no pudo pensar en otra cosa.

Después de colgar el teléfono reaccioné y me dije: «¡Soy idiota! ¡Tengo que verle o si no no le veré hasta el sábado!» (era martes por la noche).

Fui a llorarle al chef y me dijo: «Joer, tío, ve y díselo o vas a perder otra semana más. Recuerda que se va en un par de meses».

Tenía razón. Fui a espiarle al Lobby Bar para ver a qué hora le dejaban irse. Como su jefe piensa que le entretengo demasiado, no podía ir a preguntar directamente, así que me escondí entre unas plantas y me quedé mirando hasta que vi que empezaban a hacer el cierre de caja. El botones se me acerca por detrás y me pregunta qué me pasaba. Le dije que estaba espiando a un practicante. Debe pensar que soy un acosador o algo.

Cuando vi que se iba, fui al pasillo del tercer piso por donde pasa todo el mundo al salir del hotel. Me escondí en unas escaleras y salí cuando escuché pasos para que pareciera que nos habíamos encontrado de casualidad.

Era un chico de otro restaurante.

Me escondí de nuevo.

Tras otras 3 falsas salidas y 20 minutos de espera, escuché pasos y salí caminando «casualmente». Era él, caminando mientras leía una tabla de vinos.

Se dio cuenta de que yo estaba ahí cuando ya estábamos a la misma altura. Me sonrió, nos saludamos y empezamos a charlar.

Estaba un poco nervioso porque se supone que era EL momento de hacer algo más que charlar y decir adiós.

Pasó un chico de Lobby Bar y nos quedamos un rato en silencio.

«¿El jueves estabas libre?», le pregunté.

«No, trabajo hasta las nueve».

«Ah, yo estoy libre. Estaba pensando que quizá… si quieres y te apetece, tú y yo podríamos… no sé… cuando terminaras, podríamos hacer algo juntos. Si te apetece».

«Sí, es una posibilidad». Sonrió.

«¿Una posibilidad o quieres salir conmigo?»

«Quiero salir contigo».

Me sentí aliviado y contento.

«Cuando termines de trabajar seguro que estarás muerto de hambre», dijo que sí, «Entonces podríamos ir a un restaurante». Le pareció una buena idea.

Intercambiamos números de teléfono, le llamé para se quedara mi teléfono grabado en el suyo. Nos reímos con el tono de su teléfono.

Mientras escribía su teléfono, le dije: «Llevaba dos semanas diciéndome «por qué no le invitas a salir, Alfredo» y no sabía cómo hacerlo».

Sonreímos. Pasó la hostess de otro restaurante. Sonreímos otra vez.

«Nos vemos el jueves entonces. Yo tengo coche, así que vengo a recogerte, estaré en el parking a las 9 de la noche. Como terminas de trabajas, si quieres vamos a tu casa y te das una ducha mientras yo veo la tele.»

Qué caleta que soy.

Me dice: «No tengo televisión».

«Mejor aún».

Nos reímos.

Llegó el jueves y Shawn y yo tuvimos nuestra cita juntos.

Primero fuimos a su casa porque necesitaba cambiarse. Dijo que se le había roto el cinturón en el hotel y se le caía el pantalón, yo le contesté: «Está bien así, no me importa»… lol

Mientras se cambiaba estuve charlando con sus dos compañeras de piso (una de ellas es practicante en Room Service). Luego él me mostró todo el piso (es bonito, frente a una plaza en Playa San Juan), con una terraza grande.

También me mostró su habitación (la principal, con baño propio y cama grande, ejem), una caja de tabaco y un bote de Nesquick al lado de la cama?

Nos despedimos de sus compañeras y nos fuimos al restaurante Watermelon, frente al mar. Yo había pensado en ir al Centro Comercial (donde están varios restaurantes muy buenos), pero ya eran casi las 11pm y las cocinas estarían cerrando.

En Watermelon lo pasamos genial, hablamos un montón, nos reímos bastante. Le conté mis historias raras del hotel, me contó cosas sobre sus compañeros practicantes, sobre su familia…

En un momento le dije: «Mira, te voy a decir algo que a lo mejor te parezca demasiado y que soy demasiado raro, y quizá fastidie totalmente esta cena diciéndote esto, pero te lo quiero decir…» y él dijo, «vale», estaba sonriendo, yo seguí: «la cosa es que normalmente el turno de noche es tranquilo [inserta aquí imágenes mías bailando sobre la barra de recepción] y rutinario [aquí, bañándome en la piscina del Jardín Persa], pero desde que te conozco eres lo mejor de mi noche. Esos 20 ó 30 minutos que estamos juntos son los mejores minutos de mi turno. El resto es ‘meh!’. De hecho, estoy yendo a trabajar sólo por esa media hora contigo».

Y no dijo nada más que «vale».

Me quedé callado, pensando que agregaría algo más. Él siguió en silencio. Miró hacia otro lado y la espera se convirtió en silencio incómodo, así que cambié de tema y empezamos a hablar sobre los jefes.

Yo no dejaba de pensar en que no había dicho nada. Eso sólo podía significar que no sentía lo mismo y sentí que estaba a punto de tirarme por la ventana hacia la playa.

Pero no quería fastidiar la noche sólo porque no había salido como pensaba, así que seguimos charlando y contando anécdotas raras.

Más tarde, nos dimos cuenta de que al mirarnos fijamente, si yo alzaba una de mis cejas él no podía evitar alzar la misma ceja. Decía: «No puedo evitarlo! Es un reflejo físico o algo!». Estuvimos jugando así durante un buen rato, mirándonos fijamente y alzando cejas. Como Shawn estaba tenso intentando tener control sobre sus cejas, le hice pucheros con los labios, como si le estuviera dando besos de lejos, y Shawn empezó a mover los labios también. ¡Nuestras mentes están sincronizadas! Bwahahahalakdjiahahaha8whuwja! Risa tonta porque habíamos estado mirándonos fijamente durante la última media hora mientras las personas del restaurante pensaban que éramos gilipollas.

Las chicas de Watermelon ya estaban poniendo las sillas sobre las mesas, así que nos fuimos. Como Shawn había empezado a mostrar signos de estar muriéndose de sueño (se había despertado a las 9am y ya eran casi las 2am), le llevé a casa.

Aparqué en la plaza que está frente a su piso y esperé a que bajara del coche, pero no bajó. Se quitó el cinturón y se acomodó para seguir hablando, así que también me lo quité y estuvimos charlando. Le conté sobre mis mascotas que murieron accidentalmente (plop!), sobre mi gata que se llamaba «SoyTuPuta Satanás».

Volvimos a jugar eso de las miraditas y cuando me di cuenta, eran las 3 de la mañana. Nos quedamos en silencio un momento, mientras un tipo que había aparcado a nuestro lado se iba.

Entonces le dije: «Shawn, voy a preguntarte algo como lo del restaurante; algo que quizá haga que te sientas incómodo y que pienses que he cagado el momento otra vez, pero tengo que preguntártelo porque llevo con eso en la cabeza desde que te conocí y, joder, parezco una quinceñaera, es difícil decirlo, porque la vida es difícil, no tanto, la vida no es tan difícil, osea, a veces me hago rollos, pero tengo que preguntártelo porque sino voy a pensar en que soy idiota por no habértelo preguntado, osea, sólo te quedarás unas cuantas semanas más y yo aquí perdiendo el tiempo porque estaba con miedo, así que mejor no te pregunto nada».

Él estaba sonriendo. Dentro del coche empezó a hacer calor, así que abrí un poquito la ventana de mi puerta.

Me di cuenta de la idiotez que acababa de decir, así que: «Vale, te lo voy a preguntar, pero no tienes que responder si no quieres. Así que [tragué saliva], quiero besarte.»

Él dijo: «Okay».

Y yo me relajé un montón cuando lo dijo.

«Jo, qué bien, ya te lo dije. Llevaba semanas pensando en cómo decírtelo. No fue tan difícil. Ahora me siento mejor.»

Él estaba ahí, sonriendo. Y le dije: «Ah, se supone que ahora tenemos que besarnos, verdad?». Empezó a reírse. Me dijo: «Ahora sí que pareces una quinceañera».

Es que antes le había dicho que me sentía como una quinceañera cuando estaba con él.

Así que le dije: «Vale, pero tienes que acercarte tú a mí, porque yo estoy temblando de nervios». Se acercó y nos besamos. Mucho.

Fue excelente.

«Sabes bien».

Nos reímos. Me dijo que era «cute».

«Llevaba semanas pensando en cómo pedirte salir. Pensando en las ganas que tenía de estar contigo». Y me dice: «Lo sabía».

«Bueno, a veces puedo ser muy obvio».

«Sí, y también porque Mica [mi amiga, que es telefonista de Room Service] me lo dijo. No es capaz de guardar un secreto».

«Oh, no! Pero está bien que lo hayas sabido. De todas formas, ya podrías haberme dicho algo, yo aquí sufriendo…»

«Te estaba esperando».

«Me lo pusiste muy difícil, estaba a punto de llorar».

Nos besamos un poco más. Y luego otro poquito más.

Tiene el pelo tan suave, pero tan suave. Increíblemente suave. Y huele muy bien. Y tiene un sabor excelente. ¡Me encanta!

httpv://www.youtube.com/watch?v=_piQMIfGycI

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